Las miradas de amor entre los novios antes de la ceremonia eclesiástica son silencios llenos de palabras, instantes donde el corazón habla sin necesidad de decir nada. Son ojos que se encuentran y se reconocen en medio de la emoción, el nerviosismo y la felicidad contenida.
En esas miradas hay promesas, recuerdos compartidos, sueños futuros y una certeza profunda: la de haber encontrado al compañero de vida. Son momentos breves pero intensos, donde el tiempo parece detenerse y el mundo se desvanece, dejando solo a dos almas que están a punto de unirse para siempre.
Es en esos instantes previos donde el amor se hace visible, palpable, real… y queda grabado en lo más profundo del alma.