El ramo de flores que lleva la novia en su ceremonia es mucho más que un accesorio; es un símbolo cargado de historia, tradición y emoción.
Cada flor seleccionada con cuidado representa un deseo, un sueño, una esperanza que la novia lleva consigo en su caminar hacia el altar. Las flores, delicadas y vibrantes, reflejan la pureza de su amor, la fragilidad de un nuevo comienzo y la belleza de lo que está por venir.
A lo largo de la ceremonia y la fiesta, el ramo se convierte en un testigo silencioso de las emociones que atraviesan ese día tan especial, desde los nervios antes de decir “sí” hasta la alegría de la celebración.
Es el recordatorio constante de que, en su corazón, la novia lleva consigo no solo un adorno, sino un simbolismo profundo: el amor que florece, la unión que crece y la vida llena de color y promesas que está a punto de comenzar.